jueves, abril 24, 2008

Volver a la Isla

La vuelta a Londres resultó bastante polietápica. Los días previos a mi partida me dediqué a estudiar lo más que pude. Traté de terminar algunos trabajos, carretear un poco y visitar los amigos. Ninguna de esas actividades resultó del todo exitosa porque desafortunadamente el día sigue teniendo sólo 24 horas y definitivamente para mí no son suficientes.
Me despedí de mi familia con anticipación y fue muy extraño. Sentí como si les estuviera diciendo “chao, me voy a Talca y vuelvo la próxima semana”, pero en el fondo sabía que no era así. Algo similar pasó con mis amigos. De muchos de ellos no alcancé a despedirme, pero créanme chic@s que no fue de mala onda ni porque no los quiera; tal vez algún día me comprendan.
El día de mi partida sólo Eduardo me llevó al aeropuerto y fue muy bueno, porque tuvimos tiempo para nosotros, para decirnos muchas cosas y abrazarnos como si estuvieramos “guardando para el invierno”.
Atravesar policía internacional me costó miles de lágrimas, tanto es así que me quedé dormida llorando en el avión.
Cuando desperté por completo ya estábamos por aterrizar en el aeropuerto de Guarulhos, en Sao Paulo. Un calor espantoso me recibió al llegar y cuando estaba a punto de quejarme, me di cuenta que estaba camino de vuelta al frío Inglés, así que decidí darme chance para disfrutar de ese calor pegajoso.
Pasé 12 horas en ese aeropuerto y pese a ser un aeropuerto bastante grande, resultó ser el peor lugar del mundo para hacer una escala prolongada. Básicamente porque el aeropuerto no sólo es horrible de aspecto, sino que no está acondicionado para largas esperas: los asientos son incómodos, la conexión a Internet es cara e inestable y lo peor de todo, ni si quiera hay un restaurante en el lugar, sólo un par de cafeterías donde no te puedes quedar mucho tiempo sentado porque no hay mesas (sólo hay barra tipo Café Haití) y para colmo de males, aceptan pagos en Reales (moneda Brasilera) o Dólares… y como yo no tenía ni lo uno ni lo otro, tuve que pagar mi hamburguesa con mi bebida del almuerzo con tarjeta de crédito.
Las 12 horas que pasé en ese aeropuerto fueron eternas, pero al menos me sirvieron para estudiar. Ya en el avión a mi lado iba sentado un tipo joven al que le metí conversa. Se llama Alexander y es chileno pero vive en Noruega y venía haciendo el mismo viaje que yo de Santiago a Sao Paulo y de ahí a Londres para tomar su vuelo a Oslo. Pobre!!! Y yo que a esas alturas ya no soportaba pasar más tiempo sentada. Hablamos gran parte del viaje, de la vida, del mundo y mil cosas y nos despedimos al llegar a Heathrow.
Al llegar, la oficial de inmigraciones no fue del todo simpática. Bueno, qué se le va a hacer, es su pega. Me requete interrogó sobre mis planes de vida de aquí a que termine la maestría y las oportunidades laborales reales de un sociólogo. La odié, parecía no creerme que estaba matriculada en la U y miraba una y otra vez mi credencial universitaria y el certificado de matrícula, hasta que finalmente me dejó pasar.
Recogí mi maleta y me fui volando hasta el metro. Me subí y esperé a que partiera. No creí que estaba de vuelta en esta ciudad hasta que escuché al amable señor del metro diciendo “Mind the Gap” y la señora diciendo “the next station is Green Park, change here for the Victoria and Jubelee Line”. Fue en ese momento en que me pillé pensando “chucha, es cierto, estoy de vuelta en Inglandia”…
Me bajé del metro y cuando salí a la calle no lo podía creer. Londres está tan cambiado!!! La primavera le ha hecho tan bien!!!. Imaginen que hay 17 grados de temperatura en el día, hay sol y la gente ha comenzado a dejar de vestirse de negro y gris para usar uno que otro color… Los parques ya tienen flores y es tan bello ver gente caminando por la calle y verlos contentos por el buen clima y no con esas caras de funeral que andaban antes.
Los días han pasado y he visto a algunas personas. He pasado bastante tiempo con mi amiga Niké que resultó ser una súper buena compañera de estudio y bueno, al resto supongo que los iré viendo de a poco porque estamos todos locos con la preparación de trabajos y exámenes finales que comienzan la próxima semana…
Pese a ello estoy contenta de haber vuelto, como dice Niki “Londres es el mejor lugar del mundo para regresar cuando es primavera”.

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1 Comentarios:

At 25/4/08 7:14 PM, Blogger Daniel dijo...

La primavera le hace bien a cualquier lugar, hasta la gente cambia la cara y el animo.
Saludos

 

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